La noticia ha sacudido el mercado de entrenadores de la NBA. Los Chicago Bulls han apostado fuerte por un nombre que, hasta hace apenas unos meses, era más conocido por sus días como pívot campeón que por su capacidad para dirigir un banquillo. Tiago Splitter, de 41 años, ha sido presentado oficialmente como el 25º entrenador en la historia de la franquicia, relevando a Billy Donovan, quien decidió dar un paso al lado tras seis temporadas. El brasileño, que creció viendo a Michael Jordan y a los Bulls en la madrugada brasileña, llega con un currículum atípico pero fascinante: campeón de la NBA como jugador con los Spurs de Gregg Popovich en 2014, cinco años en el cuerpo técnico de los Brooklyn Nets, un paso por Houston como asistente de Ime Udoka, un título de la Copa de Francia como entrenador principal del Paris Basketball, y una temporada como interino en Portland que devolvió a los Trail Blazers a los playoffs. Ahora, los aficionados que ya lucen con orgullo su chándal chicago bulls se preguntan: ¿puede este discípulo de Popovich replicar el impacto que Tom Thibodeau tuvo en su día con esta misma franquicia? Analizamos todos los ángulos de una apuesta que puede ser histórica.

El pedigrí de un campeón: la escuela de Popovich
Si hay un sello que define a Splitter como entrenador, ese es su paso por San Antonio. El brasileño fue seleccionado por los Spurs en el puesto 28 del draft de 2007 y, aunque no debutó hasta 2010, se convirtió en una pieza clave en la rotación interior del equipo campeón de 2014, siendo el primer brasileño en ganar un anillo de la NBA. Bajo la tutela de Gregg Popovich, Splitter absorbió una filosofía que trasciende los esquemas tácticos: cultura de trabajo, desarrollo de jugadores y una defensa basada en la disciplina y la comunicación.
Esa herencia no es un adorno. Los Bulls han estado sumidos en una mediocridad prolongada: solo una aparición en playoffs desde 2017, una temporada 2025-26 con un balance de 31-51 y la 28ª defensa de la liga, permitiendo 121.5 puntos por partido. Splitter llega con la misión de restaurar la identidad defensiva que caracterizó a los grandes equipos de Chicago. Y en ese sentido, su experiencia en Portland es un aval de primer nivel: bajo su mando, los Trail Blazers firmaron una defensa Top-10 de la NBA en sus últimos 51 partidos, con un balance de 30-21 en ese tramo.
La temporada en Portland: el examen que lo cambió todo
Splitter no llegó a los Bulls por casualidad. Su oportunidad llegó en octubre de 2025, cuando Chauncey Billups fue arrestado por el FBI en una operación contra una extensa red de apuestas ilegales. Splitter, que se había unido al staff de Portland apenas unos meses antes, pasó de asistente a entrenador interino en cuestión de días. Lo que consiguió a continuación fue sencillamente extraordinario.
El brasileño condujo a los Blazers a un récord de 42-40 y a la primera aparición en playoffs desde la temporada 2020-21. Fue el primer entrenador de Portland en tener un récord ganador en su primera temporada desde Maurice Cheeks en 2001-02, y el primero en ganar un partido de playoffs en su año de debut desde Mike Dunleavy en 1997-98. Además, los Blazers lideraron la NBA en puntos de segunda oportunidad por partido bajo su dirección. Todo esto con una plantilla joven y en medio de la tormenta mediática que rodeaba la detención de Billups. “No fue una situación fácil”, reconoció Splitter en su presentación. “Lo más importante para mí fue dejar el ruido externo fuera del panorama y enfocarnos en el baloncesto”.
La comparación con Thibodeau: ¿un paralelismo real?
La pregunta que todos los aficionados de Chicago se hacen es inevitable: ¿puede Splitter hacer lo que hizo Tom Thibodeau? El paralelismo es tentador. Thibodeau llegó a los Bulls en 2010 como un entrenador novel con una sólida reputación defensiva forjada como asistente en Boston. En su primera temporada, llevó a Chicago a un récord de 62-20, el mejor de la NBA, y se ganó el premio al Entrenador del Año. Splitter, como Thibodeau, es un discípulo de la escuela defensiva, ha pagado sus años de aprendizaje como asistente y llega a un equipo necesitado de identidad.
Pero también hay diferencias sustanciales. Thibodeau heredó un equipo con Derrick Rose en su apogeo y una plantilla ya consolidada. Splitter, en cambio, toma las riendas de un roster joven y en reconstrucción, con el pick número 4 del draft de 2026 como principal activo para desarrollar. Su éxito en Portland demuestra que sabe sacar rendimiento de equipos con talento en bruto, pero el reto en Chicago es de otra magnitud. La directiva, liderada por el nuevo vicepresidente ejecutivo Bryson Graham, ha apostado por su capacidad para conectar con los jugadores, su inteligencia baloncestística y su visión alineada con el proyecto. Splitter, por su parte, ya ha dejado claro su estilo: “No me gusta poner etiquetas a la gente. Odio que me las pongan a mí. Y me gusta demostrar que están equivocados”.
El desafío en Chicago: reconstruir la identidad
Los números de la temporada pasada son demoledores. Los Bulls fueron un equipo sin rumbo: 28ª defensa, ausencia de playoffs por cuarto año consecutivo y una sensación de estancamiento que llevó a Billy Donovan a dimitir. Splitter tendrá que trabajar en tres frentes prioritarios.
Primero, la defensa. Su trabajo en Portland, donde transformó a los Blazers en una defensa Top-10 en la recta final de la temporada, es el mejor indicador de que sabe cómo construir un sistema sólido. Segundo, el desarrollo juvenil. Su paso por Brooklyn, Houston y Paris demuestra que tiene un don para pulir talento. En Houston, fue una de las razones clave del desarrollo de Alperen Sengun hasta convertirlo en All-Star. Tercero, la cultura. Splitter ha ganado en todos los niveles: como jugador en la NBA, como entrenador en Europa y como interino en Portland. Sabe lo que se necesita para competir cada noche.
Una apuesta de futuro con sabor a historia
La contratación de Tiago Splitter es un movimiento valiente y, al mismo tiempo, calculado. Los Bulls no han buscado un nombre de relumbrón, sino a un entrenador que ha demostrado en circunstancias adversas que tiene lo que hay que tener. Su pedigrí como campeón de la NBA bajo la tutela de Popovich, su capacidad para desarrollar jugadores y su éxito inmediato en Portland son argumentos sólidos para creer que puede ser el hombre que devuelva a Chicago a la élite.
Eso sí, replicar el milagro de Thibodeau —ese 62-20 en su año de debut— parece una meta casi imposible dado el estado actual de la plantilla. Pero Splitter no necesita ser Thibodeau. Necesita ser la mejor versión de sí mismo: un entrenador que construye desde la defensa, que conecta con sus jugadores y que no se achanta ante los desafíos. Si logra eso, los Bulls habrán encontrado no solo a un entrenador, sino a un líder para la próxima década.
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